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Situación Mundial

SIDA, una pandemia mundial

Panorama general

Desigualdad, genero e VIH

Situación de la epidemia en 2009

Sida, una pandemia mundial

Durante el último cuarto de siglo, el VIH ha infectado a cerca de 65 millones de personas, y se estima que 25 millones han fallecido por enfermedades relacionadas con el SIDA. Se calcula que, en el momento actual, cerca de 40 millones de personas viven con el VIH. Sin embargo, la inmensa mayoría no es consciente de su estado.

El SIDA es excepcional, y la respuesta al SIDA debe ser igualmente excepcional. El SIDA requiere liderazgo continuado tanto a nivel nacional como internacional. Después de 25 años de epidemia, la respuesta mundial al SIDA tiene que pasar de un planteamiento de gestión de crisis episódica a una respuesta estratégica que reconozca la necesidad de generación de capacidad y compromiso a largo plazo, utilizando estrategias basadas en pruebas que aborden los factores estructurales que impulsan la epidemia.

A pesar de los considerables avances llevados a cabo desde 2001, todavía no se aprecia el liderazgo consecuente que se requiere para ralentizar, contener y hacer retroceder la epidemia. Aunque el Informe del Secretario General a la Asamblea General de las Naciones Unidas destaca numerosos progresos en la respuesta mundial al SIDA desde 2001, también indica claramente que la acción global ha sido insuficiente, con éxitos desiguales entre los países y regiones y dentro de ellos mismos. subir

Panorama general de la epidemia

A pesar de las recientes mejoras en el terreno del acceso al tratamiento antirretrovírico y la atención en muchas regiones del mundo, se estima que a final de 2005 había 38,6 millones [33,4-46,0 millones] de personas en todo el mundo que vivían con el VIH; que en el curso del año 4,1 millones [3,4-6,2 millones] contrajeron la infección por el VIH, y que 2,8 millones [2,4-3,3 millones] perdieron la vida a causa del SIDA.

Se cree que, a nivel mundial, la tasa de incidencia del VIH (el numero anual de nuevas infecciones por el VIH como proporción de las personas previamente no infectadas) alcanzó su cota máxima a finales de los años 1990 y que se ha estabilizado desde entonces, a pesar de una incidencia creciente en varios países.

En diversos países, las tendencias favorables en la incidencia se relacionan con programas de prevención y cambios de comportamiento. Las modificaciones en la incidencia, junto con la mayor mortalidad por SIDA, han provocado la nivelación de la prevalencia mundial del VIH (la proporción de personas que viven con el VIH). Sin embargo, el número de personas que viven con el VIH ha seguido aumentando a causa del crecimiento de la población y, en fechas mas recientes, los efectos de la terapia antirretrovírica sobre la esperanza de vida.

En África subsahariana, la región con carga máxima de la epidemia de SIDA, los datos también indican que la tasa de incidencia del VIH ha alcanzado su cenit en la mayoría de los países. No obstante, las epidemias en esta región son muy diversas y especialmente graves en África meridional, donde algunas de ellas todavía siguen expandiéndose. Los datos de las últimas encuestas subrayan el impacto desproporcionado de la epidemia de SIDA en las mujeres, sobre todo en África subsahariana, donde, en promedio, hay tres mujeres VIH-positivas por cada dos varones. Entre los jóvenes (15-24 años), esta relación se amplía considerablemente: tres mujeres jóvenes por cada varón del mismo grupo de edad. Entre las nuevas tendencias más destacables cabe señalar los descensos recientes en la prevalencia nacional del VIH1 en dos países de África subsahariana (Kenya y Zimbabwe), en zonas urbanas de Burkina Faso y también en Haití, Caribe, junto con indicios de un cambio significativo de comportamiento (como mayor utilización de preservativos, menos parejas e inicio más tardío de la actividad sexual). En el resto de África subsahariana, la mayoría de las epidemias parece haberse estabilizado, aunque a niveles extraordinariamente altos en la mayor parte de África meridional.

La prevalencia del VIH también está disminuyendo en cuatro estados de la India, incluido Tamil Nadu, donde los esfuerzos de prevención se ampliaron considerablemente a finales del decenio de 1990. En Camboya y Tailandia se observan descensos uniformes y continuados en la prevalencia del VIH. La prevalencia, sin embargo, está aumentando en otros países, especialmente China, Indonesia, Viet Nam y Papua Nueva Guinea, y hay signos de brotes del VIH en Bangladesh y Pakistán.

La mayoría de las personas que viven con el VIH en Europa oriental y Asia central se encuentra en dos países: Ucrania, donde continúa aumentando el número anual de nuevos diagnósticos de VIH, y la Federación de Rusia, que tiene la mayor epidemia de SIDA de toda Europa.

Mientras tanto, en los Estados Unidos de América y en algunos países de Europa siguen observándose indicios de epidemias resurgentes entre varones que tienen relaciones sexuales con varones, y existen epidemias esencialmente ocultas entre sus homólogos de América Latina y Asia.

En diciembre de 2005, más de 1,3 millones de personas estaban recibiendo tratamiento antirretrovírico en países de ingresos bajos y medianos, en comparación con unas 400.000 personas dos años antes. En África subsahariana, el número de personas tratadas aumentó más de ocho veces (de 100.000 a 810.000) entre 2003 y 2005, y más de dos veces solo en 2005. Esta tendencia es debida principalmente al mayor acceso al tratamiento en unos pocos países (en particular, Botswana, Kenya, Sudáfrica, Uganda y Zambia). El número de personas que reciben tratamiento antirretrovírico en Asia aumentó casi tres veces, hasta 180.000 en 2005.

África subsahariana sigue siendo la región más afectada del mundo, con poco más de una décima parte de la población mundial, alberga casi el 64% de todas las personas que viven con el VIH: 24,5 millones. Las tasas de nuevas infecciones por el VIH alcanzaron su cota máxima a finales de los años 1990, y algunas de sus epidemias muestran descensos recientes, especialmente en Kenya, Zimbabwe y en zonas urbanas de Burkina Faso. En conjunto, la prevalencia del VIH en esta región parece que se ha estabilizado, aunque a niveles extraordinariamente altos en África meridional. Esta “estabilización” aparente de la epidemia refleja una situación en la que el número de nuevos casos de infección por el VIH se equilibra más o menos con el numero de personas que fallecen por enfermedades relacionadas con el SIDA. subir

Desigualdad, genero y VIH

En muchos lugares, los esfuerzos de prevención del VIH no tienen en cuenta las desigualdades en función del sexo y de otras índoles que configuran el comportamiento de las personas y limitan sus opciones. Muchas estrategias relacionadas con el VIH presuponen un mundo idealizado en el que todos son iguales y libres para tomar decisiones autorizadas, y en el que pueden optar por abstenerse de relaciones sexuales, permanecer fieles a una sola pareja o usar preservativos habitualmente. En la realidad, las mujeres y muchachas se enfrentan a toda una serie de vulnerabilidades y factores de riesgo relacionados con el VIH que no afectan a los varones y muchachos, muchos de los cuales están implícitos en las relaciones sociales y las realidades económicas de sus sociedades. Tales factores no son fáciles de suprimir o alterar, pero mientras esto no se consiga, es improbable que los esfuerzos para contener y hacer retroceder la epidemia de VIH alcancen un éxito sostenido.

Las relaciones con múltiples parejas, recompensadas con “regalos”, constituyen una estrategia fundamental de supervivencia para muchas mujeres pobres. Impulsadas por la pobreza y el deseo de una vida mejor, esas mujeres y muchachas pueden acabar utilizando el sexo como artículo de consumo que intercambian -a menudo con varones mayores que ellas- por bienes, servicios, dinero, alojamiento u otras necesidades básicas. Este “sexo transaccional” implica relaciones sexuales no conyugales, a menudo con múltiples parejas masculinas de mayor edad, lo que es reflejo de la posición económica superior de los varones y su mayor acceso a recursos; las dificultades de las mujeres para satisfacer sus necesidades básicas, y el valor cultural que se asigna a los varones que tienen múltiples parejas sexuales (Jewkes y Wood, 2001).

Uno de los rasgos definitorios de África meridional -la subregión más afectada del mundo- es su desigualdad social y económica, no sólo entre ricos y pobres sino también entre los pobres. La relación entre prevalencia del VIH e indicadores socioeconómicos es sumamente compleja. De todas formas, las desigualdades sociales, asentadas sobre un empobrecimiento generalizado y sobre las distorsiones que crean los sistemas de mano de obra migratoria -junto con una creciente cultura del “consumismo”-, generan un terreno fértil para el sexo transaccional, explotador, intergeneracional y de “supervivencia” en África meridional (Grupo de trabajo del Secretario General de las Naciones Unidas sobre mujeres, muchachas y SIDA en África meridional, 2004). Los sistemas de mano de obra migratoria han agravado enormemente la dependencia económica de las mujeres respecto a sus parejas masculinas, mucho más que en otras partes del continente donde las mujeres tienen un papel más destacado en las transacciones de mercado y otras formas de actividad comercial. En toda esta subregión, las oportunidades de obtener ingresos son particularmente escasas para las mujeres con un bajo nivel educativo, y los sectores industriales en los que predomina el personal femenino (como la fabricación de ropa) se han visto muy afectados por pérdidas de trabajo relacionadas con cambios de aranceles y subvenciones. Esto ha debilitado aún más la condición económica de las mujeres, agravando las desigualdades de género y elevando posiblemente su vulnerabilidad al VIH (Hunter, 2002).

Es importante reconocer que el sexo también desempeña otras funciones sociales, y entronca con la necesidad de las personas de buscar y expresar confianza, con su búsqueda de posición social y autoestima y con sus esfuerzos para escapar de la soledad y aliviar el aburrimiento. Por ejemplo, las investigaciones en Sudáfrica indican que, en un contexto de empobrecimiento generalizado y altas tasas de desempleo (y en ausencia de actividades recreativas asequibles), las relaciones sexuales brindan a menudo una oportunidad para reforzar la autoestima, mejorar la posición social entre los iguales y paliar el aburrimiento (Jewkes, Vundule y Maforah, 2001). Lo que hace tan peligrosas estas ansias para muchas mujeres es que se manifiestan no sólo en zonas donde el VIH está firmemente arraigado, sino también en circunstancias marcadas por una agravante desigualdad de género, en las que los varones suelen jugar con ventaja y en las que las normas sociales y los marcos jurídicos tienden a reforzar con frecuencia tal ventaja.

La información y el conocimiento no son suficientes. Si se pretende que los esfuerzos de prevención resulten fructíferos a largo plazo, deben abordar las interacciones entre desigualdades socioeconómicas y de género y vulnerabilidad al VIH. Las actividades de prevención han de tener en cuenta las condiciones desiguales con las que la mayoría de las mujeres se ven obligadas a vivir. Las estrategias deben abordar el hecho de que, para millones de personas, el sexo puede ser una de las pocas formas valorizadas de capital que tienen a su disposición (Stephenson y Obasi, 2004; Cates, 2004). La adopción de riesgos sexuales por parte de muchachas y mujeres jóvenes está determinada en gran medida por relaciones desiguales de género y por un acceso desigual a recursos, bienes, oportunidades de ingresos y poder social. Hay que hacer mucho más para asegurar un sustento sostenible para las mujeres y muchachas -particularmente las que viven en hogares encabezados por mujeres-, si se pretende que sean capaces de protegerse contra la infección por el VIH y afrontar su impacto. El refuerzo de las oportunidades económicas y del poder social de las mujeres debería considerarse como una parte indisoluble de cualquier estrategia potencialmente satisfactoria y sostenible contra el SIDA. subir

Situación de la epidemia en 2010

Se calcula que en 2010 hubo en todo el mundo 2,7 millones de nuevos casos de infección por el VIH. Se calcula que en 2010 hubo 390 000 nuevos casos de infección por VIH en niños, es decir, un 30% menos que la cifra máxima de 560 000 nuevos casos anuales en 2002 y 2003.

Desde 2001, la incidencia anual del VIH ha disminuido en 33 países, 22 de ellos del África subsahariana. Sin embargo, está aumentando de nuevo en Europa Oriental y Asia Central, después de haber disminuido a principios de los años 2000, y también está en aumento en el Oriente Medio y el Norte de África.

Muertes relacionadas con el sida. El número mundial de muertes relacionadas con el sida está disminuyendo lentamente desde el máximo de 2,2 millones en 2005 a una cifra estimada de 1,8 millones en 2010. Sin embargo, entre 2001 y 2010, las muertes relacionadas con el sida se han multiplicado por 11 en Europa Oriental y Asia Central (de unas 7800 a 90 000, y por más de dos en Asia Oriental (de 24 000 a 56 000 ). La mortalidad relacionada con el sida también ha aumentado en un 60% (de 22 000 a 35 000) en el Oriente Medio y el Norte de África.

Datos mundiales 2009

  Datos mundiales de la epidemia. 2009

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